jueves, 16 de mayo de 2019

“La marca contemporánea y ególatra” como excusa a la mediocridad propia de nuestros tiempos


17 de Julio de 2017


De gente no común (es decir, de expertos), he escuchado diversas razones que justificarían por qué las supuestas llamadas “restauraciones” de edificios antiguos, no se hacen a la perfección (totalmente iguales a como eran originalmente). Las que tristemente he escuchado, son:

1)    El arquitecto “restaurador” tiene que dejar su huella/marca en la obra trabajada. De ahí la diferencia con el original.
Eso lo veo como una simple manera de alzar el ego del arquitecto; de darle más importancia a la firma que a la obra en sí. ¿A quién le importaría más el sujeto que hizo la pega, que la obra luego de la pega? Yo creo que a la mayoría de la gente le atrae más lo segundo. O más bien, yo creo que se “entendió mal” el concepto desde el principio: el objetivo de estos arquitectos egocéntricos nunca fue una restauración (del verbo restaurar; que vuelva a ser como antes), sino, una REMODELACIÓN DEL EDIFICIO, para que adquiriera carcterísticas funcionales para la época que vivimos hoy, y de paso decir que “recuperas la Historia”. Ahí es donde comienza el tema mercantil, que podría dar pa’ un libro: ¿pa’ qué gastar tanto dinero en algo que no va a dar ganancias, en algo inútil? (así se le llama al Arte y a la Historia en Chile).

2)    Es obligación que una restauración no sea igual a la orginal, o sino es una farsa que “da vergüenza”, ya que intenta ser algo que no es, y eso no se puede pretender.
Qué clase de conclusión es esa. A veces pienso que esas frases solo se dicen en Chile o en países tercermundistas retrógradas que no valoran el arte y la Historia porque sus prioridades son los negocios. Sino, anda a ver las restauraciones Europeas (una vez más), donde la autoridad y la gente sí valora estos asuntos. ¿Tu creís que ahí podrían llegar a decir ese tipo de barbaridades? Obvio que mientras más parecido al original, mejor, no weí. Sino, destruyes la obra, le quitas el valor, porque va a estar más intervenida y con ello borras parte de su historia. ¿Por qué lo hacemos, entonces? –“Porque hay que ser originales y auténticos, actualízate perro”. Oh vaya, buena excusa para no darte la lata de investigar, restaurar, valorar y mantener algo valioso. Buena manera de ignorar la importancia histórica de un objeto. Buena manera de seguirle el hilo a la mercantilización del arte, del lucro, la ganancia y al capitalismo descontrolado y destructor. Your tried. (y te resulta). X’d

Eeeentonces, en conclusión, todas estas “razones” para NO HACER FINALMENTE UNA RESTAURACIÓN, son maneras penosas de evitar un esfuerzo, el gasto económico y etc. que implica mantener, volver a traer al presente y valorar arte e Historia solo para disfrutarla y aprender de ella.

Por ejemplo, en el Palacio Cousiño: hace unos días terminaron la restauración y entonces yo, demasiado feliz, fui a verlo. Todo maravilloso, de verdad, pero el segundo piso se incendió en los años ‘60. Onda, se destruyó completamente al parecer. ¿Pero qué hicieron? En vez de ponerle las puertas y pasillos del segundo piso de la misma madera que tenía, O NO, nisiquiera eso, podrían poner una de menor calidad pero pintada… bueno; pintada, con tapiz, bonita, pusieron una madera ORDINARIA, que desequilibra TODA LA ONDA del palacio respecto a su primer piso, NO PINTADA, NO BARNIZADA, entonces se le notaban las vetas y su color, que con respeto, es NADA QUE VER con el contexto palaciego del inmueble (recuerda a esas casas hipis como no terminadas).
Un turista, al preguntar por ello, fue respondido con lo siguiente: “es que está hecho a proposito así, sumamente calculado y planificado con mucha dedicación, porque no puede ser igual a antes, o sino sería falso” (el argumento Nº 2 antes mencionado).

¿Cachay? ¿Te imaginas gastar más plata para que sea como el original? “Ni pensarlo, imposible, no hables ridiculeces… inventemos una excusa que suene bien y pa que queden felices estos indios. Son tan weoncitos que ni se darán cuenta, ya verás, Alberto”.

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