17 de Julio de 2017
De gente no común (es decir, de expertos), he
escuchado diversas razones que justificarían por qué las supuestas llamadas
“restauraciones” de edificios antiguos, no se hacen a la perfección (totalmente
iguales a como eran originalmente). Las que tristemente he escuchado, son:
1) El arquitecto “restaurador” tiene que dejar su huella/marca en la
obra trabajada. De ahí la diferencia con el original.
Eso lo veo como una simple manera de
alzar el ego del arquitecto; de darle más importancia a la firma que a la obra
en sí. ¿A quién le importaría más el sujeto que hizo la pega, que la obra luego
de la pega? Yo creo que a la mayoría de la gente le atrae más lo segundo. O más
bien, yo creo que se “entendió mal” el concepto desde el principio: el objetivo
de estos arquitectos egocéntricos nunca fue una restauración (del verbo restaurar;
que vuelva a ser como antes), sino, una REMODELACIÓN DEL EDIFICIO, para que
adquiriera carcterísticas funcionales para la época que vivimos hoy, y de paso
decir que “recuperas la Historia”. Ahí es donde comienza el tema mercantil, que
podría dar pa’ un libro: ¿pa’ qué gastar tanto dinero en algo que no va a dar
ganancias, en algo inútil? (así se
le llama al Arte y a la Historia en Chile).
2) Es obligación que una restauración no sea igual a la orginal, o sino es
una farsa que “da vergüenza”, ya que intenta ser algo que no es, y eso no se puede
pretender.
Qué clase de conclusión es esa. A
veces pienso que esas frases solo se dicen en Chile o en países tercermundistas
retrógradas que no valoran el arte y la Historia porque sus prioridades son los
negocios. Sino, anda a ver las restauraciones Europeas (una vez más), donde la
autoridad y la gente sí valora estos asuntos. ¿Tu creís que ahí podrían llegar
a decir ese tipo de barbaridades? Obvio que mientras más parecido al original,
mejor, no weí. Sino, destruyes la obra, le quitas el valor, porque va a estar
más intervenida y con ello borras parte de su historia. ¿Por qué lo hacemos,
entonces? –“Porque hay que ser originales y auténticos, actualízate perro”. Oh
vaya, buena excusa para no darte la lata de investigar, restaurar, valorar y
mantener algo valioso. Buena manera de ignorar la importancia histórica de un
objeto. Buena manera de seguirle el hilo a la mercantilización del arte, del
lucro, la ganancia y al capitalismo descontrolado y destructor. Your tried. (y
te resulta). X’d
Eeeentonces, en conclusión, todas
estas “razones” para NO HACER FINALMENTE UNA RESTAURACIÓN, son maneras penosas
de evitar un esfuerzo, el gasto económico y etc. que implica mantener, volver a
traer al presente y valorar arte e Historia solo para disfrutarla y aprender de
ella.
Por ejemplo, en el Palacio Cousiño:
hace unos días terminaron la restauración y entonces yo, demasiado feliz, fui a
verlo. Todo maravilloso, de verdad, pero el segundo piso se incendió en los
años ‘60. Onda, se destruyó completamente al parecer. ¿Pero qué hicieron? En
vez de ponerle las puertas y pasillos del segundo piso de la misma madera que
tenía, O NO, nisiquiera eso, podrían poner una de menor calidad pero pintada…
bueno; pintada, con tapiz, bonita, pusieron una madera ORDINARIA, que
desequilibra TODA LA ONDA del palacio respecto a su primer piso, NO PINTADA, NO
BARNIZADA, entonces se le notaban las vetas y su color, que con respeto, es NADA
QUE VER con el contexto palaciego del inmueble (recuerda a esas casas hipis
como no terminadas).
Un turista, al preguntar por ello,
fue respondido con lo siguiente: “es que está hecho a proposito así, sumamente
calculado y planificado con mucha dedicación, porque no puede ser igual a
antes, o sino sería falso” (el argumento Nº 2 antes mencionado).
¿Cachay? ¿Te imaginas gastar más
plata para que sea como el original? “Ni pensarlo, imposible, no hables
ridiculeces… inventemos una excusa que suene bien y pa que queden felices estos
indios. Son tan weoncitos que ni se darán cuenta, ya verás, Alberto”.
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